ZZ…“un anticatalogo de ideas en torno al arte NO convencional… Porque un poco de locura no hace nunca daño”…ZZ

4.1.09

LA ROSA DEL ¿QUE HAGO YO?

LA ROSA DEL ¿QUE HAGO YO?
Paulo Coelho


Termino de cenar, tomo mi café, y me quedo contemplando el cuadro que tengo frente a mí: lo dejaron dentro de un río, durante un año, para que la naturaleza le diese el retoque final al trabajo de la pintora. La mitad de la pintura se la llevaron las aguas y la intemperie, por lo que los bordes quedaron irregulares. De todas maneras, aún consigo ver parte de la bella rosa roja, sobre un fondo dorado. Conozco a la artista. Recuerdo que en 2003, cuando fuimos juntos a cierto bosque de los Pirineos, descubrimos el riachuelo, que entonces estaba seco, y escondimos la tela bajo las piedras que cubrían el lecho. Conozco a la artista: Christina Oiticica. En este momento, se encuentra físicamente a 8.000 kilómetros de distancia y, a la vez, su presencia está en todo lo que me rodea. Eso me alegra: a pesar de que llevamos 29 años casados, el amor es más intenso que nunca. Jamás pensé que pudiera ocurrir algo así: venía de tres relaciones que no habían ido bien, y estaba convencido de que el amor eterno no existe, hasta que apareció ella ­una tarde de Navidad, como un regalo enviado por un ángel. Fuimos al cine. Hicimos el amor aquel mismo día. Yo me dije a mí mismo: "Esto no va a durar mucho". Durante los dos primeros años de relación, estaba siempre preparado para que cualquiera de los dos lo dejase. Durante los cinco años siguientes, seguía pensando que apenas nos habíamos acomodado. Me había convencido a mí mismo de que ningún compromiso con algo más serio me privaría de mi "libertad" ni me impediría vivir todo lo que deseaba. 29 años después sigo siendo libre, porque descubrí que el amor jamás esclaviza al ser humano. Soy libre para girar la cabeza y verla durmiendo a mi lado: esa es la foto que tengo en mi teléfono móvil. Soy libre para salir con ella, para pasear con ella, y continuar charlando, conversando y, eventualmente, discutiendo, como siempre. Soy libre para amar como nunca amé antes, y esto ha llegado a ser algo esencial en mi vida. Volvamos al cuadro y al río. Era el verano de 2002, yo ya era un escritor conocido, tenía dinero, pero consideraba que mis valores básicos no habían cambiado. Ahora bien, ¿cómo estar absolutamente seguro? Alquilamos un pequeño cuarto en un hotel de dos estrellas en Francia, donde comenzamos a pasar cinco meses al año. Para mi trabajo, todo lo que necesitaba era un ordenador portátil. Resulta que mi mujer es... pintora. Y los pintores necesitan enormes talleres para producir y guardar sus trabajos. No quería que de ninguna manera sacrificase su vocación por mí, así que me propuse alquilar un local. No obstante, mirando a su alrededor, ella pensó: "¿Por qué no trabajo aquí? ¿Y por qué no permito que la naturaleza trabaje conmigo?"De ahí vino la idea de "almacenar" las telas al aire libre. Yo llevaba el portátil y me pasaba el tiempo escribiendo. Ella se arrodillaba en la hierba y pintaba. Un año después, cuando retiramos las telas, el resultado era magnífico. Vivimos en aquel pequeño hotel dos años inolvidables. Ella siguió enterrando sus telas, ya no por necesidad, sino por haber descubierto una nueva técnica. Hoy se encuentra lejos, pero mañana, o la semana que viene, estará cerca una vez más. En este momento, tan sólo miro la rosa. Y le doy las gracias al ángel que me hizo dos regalos en aquella Navidad de 1979: la capacidad de abrir mi propio corazón, y la persona apropiada para acogerlo.

CONFESIONARIO DEL ¿Qué HAGO YO?
Paulo Coelho

Muchos de mis lectores se quejan a veces de que hablo poco de mi vida personal en esta columna. En realidad, hablo mucho, especialmente sobre mis indagaciones en el mundo imaginario. Sin embargo, vuelven a la carga: "pero, ¿cómo es su vida cotidiana?" Pues bien: durante una semana salí con un cuaderno y fui anotando más o menos todo lo que me sucede durante siete días normales:

Domingo:

1) Conduzco en silencio durante los 540 kilómetros que separan París de Ginebra. Seis horas sin ninguna conclusión importante, ninguna revelación extraordinaria.

2) Gasolinera: Veo una colección interesantísima de maquetas de metal. Considero comprarlas todas, pero pienso que más adelante acabaré con exceso de equipaje.

3) Me ducho. Doy una cabezada. Ceno con una amiga que me cuenta que el hombre que le gusta lo único que quiere es acostarse con ella y nada más. No sé qué decirle.

Lunes:

1) Suena el despertador a las 10:15. De todas formas, la telefonista del hotel también llama al cuarto (es mi plan B: los nacidos en Virgo siempre tienen un plan B). Estoy aquí como miembro de la directiva de una respetable fundación, y me planteo si debo ponerme o no mis botas de vaquero, trabajadas en cuero rojo, blanco y negro. Decido que voy a llevarlas (a los artistas se nos permiten ciertas cosas).

2) Rápido desayuno con un amigo que trabaja en un banco. Le pregunto qué piensa de la crisis actual, y me da una serie de respuestas que ni él mismo termina de creerse.

3) Comida con la directiva. Les pregunto qué les parece la situación de Georgia. Nadie quiere comentar el asunto, pero todo el mundo elogia mis botas de vaquero.

4) La reunión es excelente, sin estrés. Aprendo mucho. Al final, al entrar en el auto, dejo los documentos fuera, sobre el techo.

5) Al arrancar, los documentos se caen en mitad de la calle. Me paso media hora juntándolo todo, con gente insultándome desde los autos.

6) Hoy puedo llamar por teléfono usando el sistema de "manos libres", mientras conduzco. Le pido a Mónica, mi agente, que cancele lo de Praga y Berlín. Ella me dice que tenemos que encontrarnos antes de la Feria de Frankfurt para "ultimar algunos detalles". ¿En París o en Barcelona? En París, decide ella. Llamo a Paula, mi ayudante, para preguntarle por qué mi blog tuvo tan pocos comentarios ayer. Ella me explica que han cambiado la configuración, y que acaba de aprobar cien comentarios.

7) Llego a París a las once de la noche. Suponía que tendría una montaña de cosas esperándome, pero sólo veo dos paquetes de libros para firmar autógrafos, y unas pocas cartas. ¡Pero sí he viajado! ¡He estado en otro país! Me doy cuenta entonces de que he viajado poco más de 24 horas.

8) Cena. Dejo el ordenador encendido para bajar American History X. Me voy a dormir hacia las dos de la mañana, después de leer algunas páginas de Mi año como miembro del Islam radical, de Daveed Gartstenstein-Ross. El libro es excelente, pero no consigo avanzar mucho.



Martes:

1) A las diez, café con leche, zumo de naranja y pan con aceite (siempre tomo lo mismo, incluso cuando estoy en hoteles, lo cual ocurre la mayor parte del año). Tres comprimidos de Echinacea, una hierba que dicen que fortalece el organismo contra gripes, y que se ha mostrado a la altura de su reputación (aunque no haya base científica que lo explique).
2) Internet: Lectura de mensajes de lectores, de mensajes de trabajo (mis asistentes filtran los más relevantes), y de los recortes de prensa; visita a un portal brasileño y a otro estadounidense para leer las noticias del día. Compruebo que los asuntos de los mensajes son más o menos los de siempre: permiso para citar algún trecho mío en otros libros (siempre concedido), e invitaciones para dar conferencias (siempre rechazadas). Hoy voy a dar una entrevista para un periódico de Finlandia que va a empezar a publicar estas columnas. En total, permanezco una hora frente al ordenador.
3) Camino una hora seguida. Esté donde esté, raramente dejo de hacerlo. Hoy he invitado a mi ayudante a acompañarme: acaba de regresar de sus vacaciones en Brasil, y va a casarse en octubre.
4) Una vez más frente al ordenador. Actualizando el blog, leyendo una entrevista al estúpido actor David Thewlis, que dice que su papel en Veronika decide morir (que se estrena el año que viene) fueron "apenas dos semanas más de trabajo". Esto me deja irritado. Leo el resto de la entrevista y advierto que se queja de todo lo que ha hecho en la vida.
Entonces la irritación desaparece.
5) Tiro con arco. Ducha. Ordenador de nuevo.
6) Me olvidé de anotar dónde cené. Veo Bienvenido a Sarajevo. Leo de cabo a rabo el Herald Tribune. Intento concentrarme en Mi año en el Islam radical, pero sólo consigo leer algunas páginas.



Miércoles:

1) Véanse, más arriba, los puntos 1, 2 y 3, sólo que en esta ocasión quien me acompaña en el paseo se llama Maarit, una lectora a la que conocí en la comunidad social Myspace. Ella se está preparando para ser religiosa. Conversamos mucho sobre la situación de la Iglesia Católica, y prometemos mantener el contacto.
2) Llega Mónica. Conversamos desde las tres de la tarde hasta las dos de la madrugada del día siguiente, discutiendo el programa de lanzamiento del nuevo libro, lo que debo decir en Frankfurt, y dónde será su fiesta de cumpleaños (va a cumplir 40 en noviembre). Sugiero que sea en su casa, en Barcelona, pero ella dice que han puesto delante un andamio y que han tapado la vista de la ciudad.
Respondo que por las noches todas las vistas de ciudades son idénticas: un montón de luces parpadeando. Pero ella no termina de convencerse.
3) A las dos y cuarto de la madrugada, digo que estoy cansado, que quiero dormir ya, pero ella está de tan buen humor como si acabara de despertarse, y eso que hace no mucho tuvo que pasar por la cámara de tortura: "aeropuerto".
4) Consigo convencerla de ir a dormir a las dos y media de la mañana. Hoy nada de Herald Tribune ni de Mi año en el Islam radical.

Jueves:

1) Desayuno con Mónica, mi agente y amiga, que ha pasado menos de un día en París, y ha dedicado 10 horas a conversar conmigo. Ella parte hacia Barcelona, y yo me dirijo al ordenador para echar un vistazo al buzón de correo electrónico: mensajes, solicitudes de permisos para citarme, invitaciones (todo debidamente filtrado por mis ayudantes). Leo los correos de los lectores.

2) El responsable de la tontada del día es Frei Betto, un religioso brasileño al que consideraba mi amigo hasta hace pocos minutos, pero que firma una columna publicada en un periódico de provincias donde me ataca gratuitamente ­mejor dicho, ataca todo lo que suponga "cultura popular". Gracias a Internet, nos enteramos de todo. Le envío un mensaje cortando todo lazo de amistad. Por precaución, mando copias para todos los amigos comunes que tenemos, para asegurarme de que el mensaje llegará hasta él.

3) Viene Juliette y me pide prestado un equipo de sonido que me regalaron en St. Moritz (Suiza). Es para la fiesta sorpresa de su marido, que cumple 40 años (parece que todo el mundo a mi alrededor está cumpliendo 40).

4) Ceno con Chris en un restaurante japonés. Pido lo mismo de la última vez. No sé por qué, siempre que voy a un restaurante nuevo y me gusta lo que como, acabo repitiendo otro día. Falta de imaginación, supongo.

Viernes:


1) Desayuno, ordenador, paseo. Actualización diaria de mi blog.

2) Salgo con mi periódico para pasar el día en el Champ de Mars, cerca de mi apartamento de París. Observo a las personas preparándose para el invierno: la mayoría está haciendo fotos de la Torre Eiffel o hablando por el móvil. Paso frente a un museo (Museo Branly), veo que no hay fila y decido entrar. Es una exposición de arte indígena de varios continentes ­intuyo que hay algo muy equivocado en nuestra civilización, desde el momento en que estas tribus y estas personas son capaces de realizar trabajos mucho más interesantes y contundentes que lo que vemos hoy en el terreno de las artes plásticas. Pero de nada sirve quejarse ni escribir sobre el asunto ­ existen tesis y más tesis sobre los "conceptos artísticos" contemporáneos, que incluyen una vaca sumergida en formol (vendida por 30 millones de dólares) y dos paredes de hierro oxidado (con un precio de alrededor de los cinco millones de dólares). Me parece que Frei Betto, en su nueva encarnación como intelectual de vanguardia, también debe tener una tesis en defensa de estas cosas.

3) Vuelvo a casa, las maletas están listas, el chofer me espera, el auto se dirige al aeropuerto Charles de Gaulle.

4) Despegamos a las 23:50 (con una hora de retraso). Voy a pasar unos 20 días en Brasil antes de ir a Frankfurt. Pero, como siempre, no iré a ningún restaurante de moda, lo que significa que, dentro de no mucho, volveré a escuchar la misma pregunta: "¿Cuándo vas a pasarte por tu tierra?"

NOTICIA IMPORTANTE ATENCIÓN

AQUÍ NO SE ACABA RASGADODEBOCA.
HAY OTRA PÁGINA. SEGUIMOS EN LA PÁGINA SIGUIENTE.
HAZ CLIC ARRIBA y A LA DERECHA EN DONDE DICE ENTRADAS ANTIGUAS.
ZZ…“La dictadura se presenta acorazada porque ha de vencer. La democracia se presenta desnuda porque ha de convencer...Antonio Gala”…ZZ