ZZ…“un anticatalogo de ideas en torno al arte NO convencional… Porque un poco de locura no hace nunca daño”…ZZ

19.1.09

THEREMIN


THEREMIN... La música extraterrestre

Stefano Russomanno


El pasado y el presente del theremin, el primer instrumento electroacústico, reviven en el disco Spellbound! (Mode/Diverdi) gracias a su mayor intérprete actual, la rusa Lydia Kavina.
En la Conferencia de Electrotecnología organizada en San Petersburgo en octubre de 1921, un ingeniero de veinticuatro años —Lev Theremin— sorprendió a los asistentes con un instrumento musical de su invención, capaz por primera vez de producir sonidos por medios eléctricos. Fascinante y perturbadora resultaba aquella máquina no sólo por su timbre —una especie de voz humana aflautada e irreal— sino también por su curioso funcionamiento. El «aerófono» —así lo había bautizado al principio su constructor— se presentaba como una caja metálica de la que sobresalían dos antenas, una horizontal y otra vertical. Los sonidos se producían con simples gestos de la mano en el aire. La antena vertical controlaba las alturas: acercando la mano a ella se obtenían notas más agudas y, alejándola, notas más graves. La antena horizontal modulaba el volumen: cuanto más cerca estaba la mano, tanto más suaves eran las dinámicas.
Había, por supuesto, una explicación científica. El interior de la caja alojaba los circuitos de dos generadores de altas frecuencias: el uno trabajaba con una frecuencia fija, mientras que el otro —conectado a la antena— tenía una frecuencia variable según las modificaciones que en su campo electrostático producían los movimientos de la mano. La diferencia entre estos dos valores era la que, oportunamente filtrada y amplificada, se hacía audible a través de los altavoces.
Todas estas aclaraciones no impedían que el instrumento irradiase un aura extraña, que oscilaba entre la ciencia ficción y el ilusionismo. Su voz parecía enviar la música de otros planetas, aunque —ya en época de incipiente guerra fría entre la Unión Soviética y los Estados Unidos — algunos llegaron a sospechar que pudiera tratarse de un artilugio pensado con fines de espionaje para enviar mensajes cifrados.
Instrumento del futuro. Los esfuerzos de Theremin se vieron recompensados cuando, en 1928, la poderosa RCA decidió patentar el instrumento, que desde entonces recibió el nombre de su constructor. El objetivo de la compañía americana era comercializar el theremin como «el instrumento que cualquiera puede tocar» y convertirlo así en un accesorio universal para todas las casas. La Gran Depresión dio al traste con esos planes, pero no impidió que el theremin se afianzase en el terreno musical. De la mano de su mayor virtuosa, Clara Rockmore, logró entrar en el prestigioso Carnegie Hall y adaptarse al repertorio clásico. Espíritus vanguardistas como Henry Cowell, John Cage o Edgard Varèse vieron el instrumento del futuro en él (Varèse lo empleó en su pieza Ecuatorial, de 1934).


Pero quien mayormente aprovechó su potencial fue la industria cinematográfica. Ingrediente esencial en la banda sonora de películas como La novia de Frankenstein (James Whale, 1935), Recuerda (Alfred Hitchcock, 1945), Días sin huella (Billy Wilder, 1945) o Ultimátum a la Tierra (Robert Wise, 1951), el sonido del theremin entró por esa vía en el imaginario colectivo, asociado de manera preferente con las temáticas extrasensorial, paranoica y alienígena.
Progenitor de los instrumentos electroacústicos, el theremin fue progresivamente arrinconado por herramientas más manejables y versátiles, los sintetizadores, aunque nunca perdió del todo su poder de fascinación, como demuestra su utilización por parte de grupos de rock y pop (The Beach Boys, Led Zeppelin, Portishead, Pink Floyd...). Pero es a partir de los años noventa cuando el instrumento experimenta un nuevo auge. Su recuperación tiene, por un lado, un componente «nostálgico» que remite a las atmósferas de las B-movies de ciencia ficción y terror de los cincuenta (es el caso de las bandas sonoras de Ed Wood y Mars Attacks, 1996, de Tim Burton). Por otro lado, el theremin ha cobrado una inesperada actualidad por sus implicaciones escénicas y visuales, debido a la interrelación que establece entre sonido y movimiento corporal.
Gran divulgadora. Una de las principales artífices de esta resurrección es la rusa Lydia Kavina, sobrina nieta del propio Lev Theremin. Extraordinaria virtuosa del instrumento, ha participado en las bandas sonoras de Ed Wood, Mars Attacks, eXistenZ y El maquinista, así como en los espectáculos de Robert Wilson Alice y The Black Rider. Asimismo, ha estimulado la creación de un nuevo repertorio estrenando obras de Jorge Antunes, Olga Neuwirth, Moritz Eggert, Caspar Johannes Walter y Michael Hirsch, entre otros. También se le debe un método pedagógico en DVD (Mastering the Theremin) y una infatigable actividad divulgadora a través de conciertos, grabaciones y masterclasses.
Su último disco, Spellbound!, es un recorrido por el pasado y el presente del instrumento. Abren y cierran el programa sendos arreglos para cámara de las bandas sonoras de Miklós Rózsa para Recuerda y de Howard Shore para Ed Wood. Tres piezas originales escritas en la década de los treinta por Percy Grainger (Free music nº 1 y 2, Beatless Music) se alternan con dos obras fechadas en época más reciente: la «suite» instrumental de la ópera Bählamms Fest (1999), de Olga Neuwirth; y Exercise 28 (2000) de Christian Wolff. Toda una demostración de versatilidad y actualidad por parte de un instrumento cuya voz, tanto en contextos tradicionales como vanguardistas, no deja de transportarnos los ecos imaginarios de mundos utópicos y lejanos, la sonoridad arquetípica de una música «extraterrestre».

RASGADOOOoooooooooTHEREMIN!!!

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